sábado, 14 de junio de 2014

INSTRUCCIONES PARA CONFRONTAR NUESTROS PECADOS

Se trata de reglas generales que pueden aplicarse a todos esos pecados sutiles, aunque también  pueden aplicarse  a faltas más particulares.

1.  Debemos poner cualquier pecado bajo la LUZ DEL EVANGELIO.

El Señor ha perdonado nuestros pecados, pero no solo eso sino que ha acreditado a nuestra cuenta espiritual  la JUSTICIA PERFECTA DE CRISTO. En todas las áreas de la vida en las que hemos desobedecido  el Señor JESUCRISTO fue perfectamente obediente. ¿Nos ponemos ansiosos? JESUCRISTO siempre confió de manera perfecta en su PADRE CELESTIAL. ¿Tenemos problemas con el egoísmo? El Señor Jesucristo siempre se dio a sí mismo. ¿Se nos acusa de proferir palabras  ásperas, chismes o sarcasmos? El Señor Jesucristo siempre habló palabras adecuadas para cada ocasión.

2.  Debemos aprender a depender del PODER HABILITADOR DEL ESPIRITU SANTO.
“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”. (Romano 8:13).

Nuestra vida Espiritual puede compararse con el motor de un aparato eléctrico. El motor hace el trabajo, pero para funcionar depende de la fuente de poder externa que es la electricidad. Por lo tanto, debemos cultivar una actitud de dependencia continua del ESPÍRITU SANTO.

3.   Debemos reconocer que tenemos la gran responsabilidad de dar pasos prácticos para enfrentar nuestro pecado.

La sabiduría de un escritor antiguo  nos puede ayudar: “Trabaja como si todo dependiera ti, y al mismo tiempo confía como si no trabajaras”.

4.  Debemos identificar áreas  específicas de pecados aceptables.

Pida al Espíritu Santo que le ayude a ver si existe algún patrón  de pecado en su vida. Algo que puede ayudarle hacer morir el pecado es precisamente anticiparse  a las circunstancias  o acontecimientos que lo provocan. 

5.   Debemos emplear algunas Escrituras  específicas que se apliquen a cada uno de los  pecados  sutiles.

Debemos memorizar, reflexionar y orar por el contenido en esos textos y pedirle a Dios que los use para capacitarnos  a confrontar nuestros pecados.

“En mi corazón he guardo tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmos 119:11).

6.   Debemos cultivar la oración  para pedir  por los pecados que toleramos en nuestra vida.

La oración es unos de los pasos más importante para enfrentar el pecado, porque es a través de ella que reconocemos de manera consciente nuestra necesidad del ESPÍRITU SANTO así como la presencia persistente de los patrones de conducta pecaminosos que hay en nuestra vida.


7.  Debemos involucrar a otros creyentes en nuestra lucha contra el pecado sutil.

La Palabra de Dios nos dice: “Mejor dos que uno solo, pues tienen mejor recompensa por sus trabajo. Porque si caen, el uno levantará  a su compañero. Pero ay del que cae cuando no hay otro que lo levante”. (Eclesiastés 4:9, 10)
















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